Hay una cierta fascinación por el diseño de vestuario entre los directores creativos de las grandes marcas. Helena Matheopoulos lo relata a la perfección en su libro “Fashion Designers at the Opera”, donde escribe sobre Karl Lagerfeld y los femeninos volados que le prestó Chanel a la ópera “Les Contes d’Hoffmann”, Gianni Versace con su toque extravagante en “Capriccio”, e incluso Miuccia Prada con el inequívoco toque que le puso a “Attilia”. El año pasado las hermanas Mulleavy de Rodarte se animaron por partida doble: no solo diseñaron el vestuario para “Don Giovanni” sino que apostaron a la pantalla grande con los outfits para la multipremiada “The Black Swan”.
Ricardo Tisci, director creativo de Givenchy, no es ajeno a las tablas habiendo creado el vestuario para estrellas como Rihanna o Madonna (¿recuerdan sus looks en el Superbowl del año pasado?), y en esta oportunidad se suma a estos diseñadores habiendo creado por primera vez los outfits para su primer ópera, el “Bolero” de Ravel que con la coreografía de los belgas Sidi Larbi Cherkaoui y Damien Jalet, y un escenario en negro absoluto diseñado nada menos que por la artista serbia Marina Abramovic se presentará hasta el 3 de junio se presentará en la Ópera Garnier de París.
Con el objetivo de mostrar la oscuridad y el romanticismo que lo caracterizan, Tisci buscó que las prendas, que incluyen capas negras y vaporosos vestidos de tul crudo, fueran desprendiéndose como pétalos de flores en el desarrollo de la ópera, descubriendo en los cuerpos monos crudos con encaje blanco como una segunda piel. “Los bailarines se convierten en estos esqueletos en movimiento, fuertes y frágiles a la vez”, dice el diseñador, que hizo carne la pasión de la ópera de Ravel.